El sol se escondió al mismo tiempo que la de ojos verdes pisaba la carrera 46.
Otra vez la lluvia. El clima está loco, todos los días es un va y ven de fuertes calores y a los dos minutos llueve. Me volveré loca de tantas cosas que me frustran. Dijo para sí misma.
Señor, me hace el favor de llevar a la 21 con Murillo. Claro mi reina. ¿Cuánto?. Son 10 barras. Okay, rápido por favor.
Se sentó diagonal al conductor. Cerró la puerta y recostó su cabeza sobre la ventana que llevaba el vidrió arriba. Los momentos en que Natasha estaba sola eran tan agonizantes como ver morir a alguien que amas frente a tus ojos, y ese instante no era la excepción. Así que comenzó a recordar las decepciones.
Llegué a su casa, y mientras él estaba en el baño, me senté en el computador para revisar mis notificaciones de Facebook, y abrir sesión en MSN, lo usual. Pero él tenía su cuenta abierta. Alguien le hablaba. Era una mujer. Lo noté por los colores de la ventana y su display.
(bah) ...:: MAN ::... (B)... : Te amo flaca.
·#·$58·Pao Pao·$59[ Te αмσ!!·$34Man♥·$59Mу Love]: Yo también mi mechudo hermoso!
(bah) ...:: MAN ::... (B)...: No olvido lo que vivimos en Bogotá :$
·#·$58·Pao Pao·$59[ Te αмσ!!·$34Man♥·$59Mу Love]: Yo menos. Quiero que regreses otra vez (L)
(bah) ...:: MAN ::... (B)...: Pronto iré, es que tengo que resolver unos asuntos aquí en Barranquilla :S
·#·$58·Pao Pao·$59[ Te αмσ!!·$34Man♥·$59Mу Love]: Mi vida, yo lo sé >.<
(bah) ...:: MAN ::... (B)...: “J”
·#·$58·Pao Pao·$59[ Te αмσ!!·$34Man♥·$59Mу Love]: “<3” Te amo. No me canso de decírtelo.
Cuando leí eso no necesité mucho esfuerzo para llorar. Las lágrimas corrieron solas sobre mis mejillas. ¿Qué pasa? –Preguntó el hombre–. No pasa nada –Dije con rabia y decepción–. Cómo que no pasa nada y estás llorando. A mí no me pasa nada, el problema es qué te pasa a ti, ¿por qué haces de todo para arruinar las cosas cuando vamos tan bien? ¿De qué hablas?
Me volteé hacia la pc. Él llevo su mano derecha a la cara y fuertemente trató de agarrarla con ella. Sabía que estaba descubierto.
No tengo nada que explicarte –Dijo el hombre con espontaneidad–. Me marché llorando como siempre lo hago cuando me hace infeliz algún acto que comete sin piedad alguna.
Princesa, hay un trancón por un choque en la 30, por ahí por la iglesia Chiquinquirá. Desde aquí alcanzo a ver, desvíe por la derecha. Como mandes reina –Dijo el chofer con una sonrisa picarona, mirándola de abajo hacia arriba–.
Luego de pasar unos pocos minutos más decidí caminar.
Me deja por aquí, Señor. Frenó suavemente y me bajé sin prisa. Tome su dinero. A la orden mamasita. Ajá.
Seguía serenando, No tenía paraguas. Así que caminé bajo la lluvia que me hacía sentir más fracasada que antes. No quería llegar a casa en taxi, porque seguramente mi odiosa madre diría que mal gasto mi dinero dándome lujos que no podía tener.
Caminé muy rápido, casi corriendo, pero sin que la gente se diera cuenta que tenía prisa. No quería que nadie se enterara que mi cabello no era liso y que cada ocho días a escondidas lo secaba y le pasaba la plancha de cerámica que me había robado de un centro comercial.
Llegué a la tienda de la esquina de mi casa El Diamante Verde y pedí una bolsa de basura negra, esas de $200. La puse en mi cabeza y caminé con mucha paciencia hacia mi casa. La verde agua marina con amarillo pastel. La del palo de mango al que aún no le sale ninguno. La de la reja blanca que siempre está abierta.
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