domingo, 9 de octubre de 2011

¿Sí Qué? (2da parte)

Amaneció, y el televisor a todo volumen despertó a la de ojos verdes. Sin darse cuenta quien estaba en la casa, se bañó y se puso el uniforme. Le tocaba llevar el morado, el que tanto odiaba. A paso lento fue al paradero de buses, y estando allí sonó su celular, número desconocido.
Aló. ¿Otra vez tú? No me llames más por favor. Colgó. 



Las calles se iban una tras otra. Iba casi volando el bus de Gran Abastos. Entonces, cerré los ojos. Un ratón volaba y me perseguía, yo solo gritaba del desespero, me escondí debajo de la cama y él se acercaba más. Me iba a hacer daño, no era normal que un animal de estos volara. Señorita. ¿Sí, Qué? Me podría dar permiso. Sí, claro señor. Cogí mis auriculares y comencé a escuchar esa canción que me hacía recordarlo y odiarlo cada vez más. 

“Muchas veces me pregunto por qué pasa todo esto, 
Por qué tus mil te quieros siempre se los lleva el viento, 
No entiendo para qué me besas, para qué me llamas, 
Si cuando yo te necesito faltas. 
No sé que buscas y no quiero pensar que es un juego,
Prefiero creer que muchas veces no te queda tiempo,
Para que me respondas y aparezcas en mi día,
En cuerpo y alma y no en mis pensamientos.
Y ahora yo me entero por terceros,
Que cuando estás ausente en realidad estas con él
Que te hace mal, ya no te entiendo.
¿Qué estás buscando de mí?,
Dime que puedo darte que no te haya dado,
No creo merecer todo esto que está pasando,
Que no te vuelva lo que estás dando.
¿Qué estás buscando de mí?,
Dime si te hice mal, dime en que te he fallado,
Yo siempre puse el corazón en cada paso,
No te das cuenta, me estás matando...”


¡Esto es un atraco! Tú, la de ojos verdes dame ese reproductor, y el celular también. Yo no tengo celular. Bueno dame tu plata. Mira no tengo plata (Natasha con sus dedos tapó los billetes de $20.000 que sacó del banco durante el fin de semana). Bueno ábrete de aquí, chofer frene, ábrale la puerta a esta puta y a todas estas escorias sin dinero.La Chica de ojos verdes se bajó nerviosa del bus junto a aquellos desconocidos, por la iglesia San Felipe. Corrió hacia un SAI. ¿Señorita, tiene minutos a Tigo? Sí, dígame el número. 300-111-****. Aló, un momento que le van a hablar.



–Pablo, Me atracaron.

– ¡¿Qué?!

–Bueno, solo se llevaron mi reproductor. Les dije que no tenía celular y me creyeron. Aunque pensándolo bien se los hubiera dado. Así ese idiota no me molestaría más. Me llamó antes de tomar el bus.

–¿Ese man no entiende el desprecio, o qué? ¡Es que jode!

–Lo peor es que yo quiero que me siga jodiendo. Todavía lo quiero.

–No hablemos de eso. No quiero regañarte. ¿Qué harás después del trabajo? 

–Me haré una sesión de fotos en casa de una amiga. 

–Mmm.  Comprendo. 

–Te llamo después, cuídate. 


¿Tienes chicles Adams? Sí, a $200. Deme una caja por favor. La chica le entregaba la caja mientras Natasha le daba las monedas. Muchas gracias. A la orden. 

La de ojos verdes caminó hasta la esquina de la carrera 27 con calle 70 para tomar un taxi. Le cobraron $8.000 a lo que no se pudo negar. Acomodada en el vehículo, con las manos sobre sus piernas, sólo pensaba en lo que aquel hombre le había hecho, olvidándose de lo ocurrido minutos antes. Se bajó del taxi en la carrera 46 con calle 93. 

–Buenos días, Lau. 

–¿Cómo amaneces esposa mía? 

–¡Ay amiga, si te contara! 

–Mierda ¿ahora qué pasó? ­ 

–Me rayó y feo. 

–¿Te puso cachos?– Dijo Laura sorprendida y con sus pequeños ojos bien abiertos. 

–Sí, dicho en otros términos. 

–¿Quién es la vieja? 

–¿Sí, Qué?, me rayó con un man. 

– ¿Acaso él es…? 

–No, él no es bisexual. 

–¿Hey, cómo te metiste con un hombre así?, si es que se le puede decir “hombre”. 

–Nunca pensé que fuera capaz de ir tan lejos. 

–Pero Nata, ¿no y que lo conocías "bien"? 

–No sé ni que pensar de este man ahora. 

–No pienses Nata, ¡actúa! 

–Que fácil decirlo– Dijo, al mismo tiempo que se llenaban sus ojos de lágrimas. 

–Lo único que te pido es que dejes a ese tipo. 

–Amiga, obvio terminamos. Después de eso ¿qué carajos voy a hacer al lado de él?

–Pero no parece que quisieras que las cosas terminaran. 

–Lau, es que yo a veces pienso que lo hizo solo para que yo me ardiera, él sabía que la vecina me iba a decir. 

–Tienes toda la razón, porque ella anda con ese combo. Pero de todas maneras, no es excusa que valga. 

–Amiga, debo ir a mi oficina, hablamos mas tarde


–Está bien, pero trata de no pensar en eso. 

–Más bien trato de no engañarme– Dijo Nata.

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