lunes, 9 de mayo de 2011

Serios Problemas

Al finalizar la clase siempre me tocaba correr y correr, porque si no lo hacía, mi trasero sufría las consecuencias. 

Una vez le mencioné a mi madre: mis compañeros de la escuela agarran mis “pompis” cuando se acaban las clases, debo correr hasta mi transporte, pero muchas veces ellos me ganan, siempre son alrededor de cinco contra mí, y ya intenté decírselo a la profe pero no me escucha, cree que todo me lo estoy inventando para llamar su atención, pero no es así. A veces no sé ni para que gasto saliva diciendo esto a mamá, sé que me dirá “¿por qué no le dices a tu profesora?” y como lo esperaba, así fue.  Acaso no está escuchando que le dije a la profe y ella no me prestó atención. 

En ocasiones siento que los adultos deberían poner más cuidado a problemas tan serios como cuando algunos niños le agarran el trasero a una niña inocente como yo.

sábado, 7 de mayo de 2011

La mujer perfecta

La miré de lejos por primera vez, y pensé, es sexy, me gusta, y lo mejor de todo, no es físicamente perfecta.


Esa noche soñé que yo era su amiga y que me invitaba a viajar por el mundo dando shows. Mostrando el trabajo que ella me enseñaría a ejercer. Revelandonos a todos los seguidores de este arte.

Llegó el jueves, la gran noche que ansiosa esperaba para ver a Glow otra vez. Y mientras me vestía para el encuentro, pensé porqué ella lograba atrapar mi entera atención. Llegué a la conclusión de que no era humana. En realidad yo no era la única persona que se sentía así al verla caminar con tanta elegancia y sensualidad. Y como casi nunca, ese día no me fijé mucho en lo que me iba a poner. No quería ser el centro, mi única protagonista era la mujer del nuevo Burlesque.

Recuerdo bien. Me senté en “platea”, lo que me hizo sentir sumamente feliz, la iba a tener cerca.  Minutos después, sonó el tercer llamado, la mujer se acercaba, faltaba poco para ver a la muñeca de porcelana. Sonó fuerte y claro el último llamado, al mismo tiempo que las luces se ausentaban del teatro. Agarré fuerte los brazos de la silla que rechinaba al moverme, y un leve sudor frío salía de mi cuerpo.

Para mi sorpresa, no era ella. Era un escritor gay distinguido, del que reconozco varias obras literarias. Probablemente él vaya a ser la entrevista, me dije. Y le comenté al amigo que había invitado a ver el singular Performance.


Cuando el escritor pronunció la primera palabra supe que la entrevista iba a ser aburrida, sentí inseguridad. Lo que se me ocurrió para consolar la porquería de trabajo que estaba realizando él como entrevistador era, de seguro no hay mas nadie que hable italiano.

Comenzó todo y salió ella. La reconocí de inmediato, única y perfecta. Moviendo refinadamente sus caderas, marcando el paso, y sonriendo por la ola de aplausos que la recibieron. Junto a Glow estaba Cessare, el fotógrafo que haría la muestra en vivo. Algo inusual y atractivo para el exigente público que me acompañaba.

Como lo presentía, fue aburrido. Por eso sólo me dediqué a ver a Glow. Cessare me pareció muy simpático, además de que el acento italiano es bastante seductor. Para lo único que sirvieron las preguntas estructuradas y planas que le dieron al entrevistador fue para saber algunos detalles de este arte, porque me imagino que existían personas, como yo, que desconocíamos en lo absoluto sobre el tema. Pero simplemente, no era un diálogo ameno.

Minutos después de “escuchar” la “entrevista” Cessare se levantó de su silla.  Se preparaba para mostrar en vivo el trabajo que hace. Ella también se levantó, y juntos jugaron con la luz y la cámara. Cessare se mostraba incómodo. Era la primera vez que hacía su trabajo frente a un público, pero nunca dejó de mostrar la belleza de Glow.

Después de un tiempo, la diva desapareció del escenario. Me inquieté, pues estaba segura que lo que venía era lo mejor. “Lo mejor se deja para el final”.

Entonces, apareció ella como un ángel. Vestida de plateado, llena de brillantes y luciendo una mirada radiante que iluminaba el teatro Amira de la Rosa. Bailaba, danzaba y yo veía que levitaba. Era un querubín que iba de lado a lado. Un ángel que quitaba una a una las prendas del vestido que llevaba. Quedó semidesnuda, solo cubrió sus pezones y su genital femenino. Me dije entonces, ¡No! No es un ángel, es una mujer, la mujer perfecta.

Ah bueno...

-¡Ves a ordenar tu cuarto, no joda!

-Ah bueno. Ahora... Sólo hay dos cosas encima de la cama, el resto ya lo hice.

-¡Que vayas a ordenar tu puto cuarto! Siempre es lo mismo, no quiero tener que repetir las órdenes que te doy.

-¡Pero si ya está ordenado hey! Lo que me falta es recoger eso que acabo de echar en la cama.

-Coleto, bájale el volumen a ese aparato, nada más sabes es andar metido en internet y escuchando esa música asquerosa.

La vieja mujer de cabellos abundantes salió de la habitación y caminó hacia la sala, de seguro ahí encontraría algo, con lo que para ella, era la representación de autoridad en el hogar, la primera porcelana que vio fue su arma.

¡Está loca! pensaba el joven de más o menos 1.75 de estatura y de piel color canela, que aún conectado a internet, vacilaba en realizar la tarea que se le había encargado, y solo se repetía a sí mismo “Ella no es mi madre, qué demonios se cree”.

Con aquello en su mano, volvió de la nada la mujer apuntando a su objetivo, el chico. Se sentía con capacidad de hacerlo y no tenía miedo. Lo hizo. Pasó al lado de la pantalla del portátil del estudiante, ella sabía cuánto le iba a costar, el joven no tolera que se metan con su herramienta que le costó 2 meses de trabajo, y el sacrificio de sus últimas vacaciones.

¡No vayas a hacerme nada!, dijo ella llevando sus temblorosas manos a la cara, agarrándose fuertemente las mejillas, dejando relucir el miedo que la invadía por aquel acto que para cualquier persona que haya comprado alguna cosa con el sudor de su frente era considerado inhumano. ¡No te me acerques o le digo a tu papá cuando llegue! Fue la última amenaza mencionada por la osada mujer.

Ojos rojos, manos empuñadas, y un ligero olor a venganza. Aquí no importa que sea mujer. Se acercó a ella, posó sus manos sobre el delgado cuello tratando de hundir cada dedo con la fuerza requerida para cortar su respiración. ¡Te odio perra! Exclamaban sus pensamientos, pues sus labios no se movían, más bien se dedicaban a observar la escena.

Gritos se escuchaban desde el interior de la casa, eran los niños, hijos de la mujer, hermanastros del chico. Muchos vecinos dijeron que parecía que los pequeños tuvieran un megáfono incorporado, pues en menos de un minuto todo el barrio estaba enterado del acontecimiento, y por esa misma razón, aquel lugar se llenó. Lograron separar a los combatientes, solo se escuchaban insultos entre ellos. Los espectadores preferían estar en calma.

Cogió su portátil y se fue de aquella casa donde parecía no entenderse con nadie. La policía nunca llegó. En estos casos, al parecer, no es necesario.

Todo volvió a ser como antes. A veces creo que se repite este ciclo de distinta forma, conservando un desenlace semejante, casi siempre todo termina mal.

Soy una Iguana

Una noche estaba ella caminando hacia la casa de Angie, parecía ser una más, normal, nada relevante. Los pasos los daba casi forzados, a ella no le gusta caminar, además de su constante dolor en la rodilla derecha. Estando en la esquina del lugar al que se dirigía, se detuvo. Miró hacia su lado izquierdo, un personaje llamaba la atención de ella. “yo como flores y tú no” fue lo único que escuchó de aquel raro y llamativo galán que arrancaba hermosas flores del arbusto de la esquina donde hacían más atracos en el barrio. Por un momento sintió miedo y aceleró el paso, él tomó el camino contrario al de ella.

– Hola Angie.
– Hola ¿Cómo estás? – Dijo Angie mientras le daba un beso en la mejilla.
– Vi algo raro.
– ¿Qué viste?
– No sé exactamente. Pues, era un hombre…
– ¿Qué tiene eso de raro?
– ¡Pero me dijo “Yo como flores y tú no”!. Arrancó una flor del arbusto de tu esquina y se marchó. Caminaba muy rápido. Parecía loco, pero iba bien vestido.
– Jajajaja ¡qué locura!
– Marica, eso fue muy extraño – Dijo ella mientras se acomodaba en el muro de la Terraza de Angie.
– Seguro fue un loco, no le des mente a esa vaina– Dijo Angie aún riendo.
– ¡Ese es el man! ¡Hiijue’ puta allá viene marica!
– Mmm… Nunca lo había visto por aquí.

Aquel osado hombre de más o menos unos 27 años se detuvo en la casa verde, la de Angie, nos miró y dijo “Yo como flores porque soy una IGUANA”, miró la flor que aún llevaba en sus manos y siguió caminando hacia la esquina opuesta al bello arbusto.

– ¡ves que ese man está loco marica!, hey me largo pa’ mi casa que ya es tarde y mínimo el man ese me persigue o una vaina así.
–Jajajaja, ya vas tú a decir que el loquito bien vestido te va a perseguir.
– Apue’ depronto, tu sabes que yo atraigo ese tipo de cosas Jajajaja.
– Bueno chica, hablamos.
– Dale pues, bye.

El hombre se devolvió y llegó de nuevo adonde ellas estaban y les dijo “yo como flores porque soy una IGUANA”. Tomó la flor que llevaba en manos y sin ningún reparo se la comió, aparentaba disfrutarlo. Él se marchó caminando rápido, parecía competidor de “marcha”. Miré a Angie, estaba en Shock. Aún así, Caminé tan rápido como pude, llegué a mi casa, nadie estaba. Prendí el PC como de costumbre y el modem, sin internet no era nada.

Se me ocurrió y lo hice “Como flores porque soy una Iguana”, ese fue el estado de Facebook más comentado en mi vida cibernética. Surgieron comentarios como: ¿Por Qué comes flores? Con respuestas tan completas como: Porque soy una Iguana . U otras como: ¿Por qué eres una Iguana? Y respuestas como: Porque como flores. Casi nada tenía sentido, aunque bien me han enseñado en una que otra clase de teoría del conocimiento que todo tiene una lógica y un sentido propio. Desde entonces digo llamarme " Iguanita "